—Llevas toda la semana diciendo que esto es una prueba, ¿no?
—Exacto.
—Bien. Entonces, felicidades.
—¿Por qué?
—Aprobaste.
—¿Aprobé qué?
—Mi prueba. La de si ya estás lista para vivir con compañeras de casa.
Puso su teléfono sobre la barra, frente a ella. Brenda lo agarró y en segundos se puso roja como un tomate. Eran anuncios de cuartos en renta.
—¿Me estás buscando departamento?
—Cuartos —corrigió él—. No departamentos.
—¡No puedes hacer eso, Joaquín! Natalia, ¿vas a dejar que tu esposo me eche estando sin trabajo y sin dinero?
Aparté las tostadas del fuego antes de que se quemaran.
—Nadie te está echando. Pero un arreglo temporal necesita un final. Por eso se llama temporal. Te pedí algo en mi casa, más de una vez, y en lugar de respetarlo decidiste que yo tenía que convencerte de que mi límite era razonable.