Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

—¡Y tú me tratas como si fuera peligrosa! —le gritó a Joaquín—. ¡Sales corriendo cada vez que entro!

—La primera vez me fui porque no sabía dónde mirar —respondió él, tranquilo—. Después de que Natalia te pidió que pararas y seguiste, me iba por otra razón: no pensaba ser parte de tu experimento. Querías usarme como prueba en una pelea con mi esposa. Cada vez que armabas la escena, yo me salía de ella. Eso no era tentación. Era negarme a ser tu utilería.

Por una vez, Brenda no tuvo respuesta. Luego Joaquín me miró, un poco culpable.

—Y te debo una disculpa. Me dije que “mantenerme al margen” era dejarte manejar a tu hermana. En realidad te dejé sola defendiendo algo que nos afectaba a los dos.

Algo en mi pecho se aflojó.

—Qué maravilla —bufó Brenda—, ahora ustedes tienen una revelación matrimonial. ¿Puedo ir a ponerme ropa?

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