Todavía no.
Era libertad.
Porque aquella pequeña brújula detrás de la oreja de Harold no me había mostrado que Mike hubiera vuelto.
Me había mostrado algo mucho más importante:
**que algunas personas permanecen en nuestra vida como recuerdos, pero nadie puede vivir nuestra vida por nosotros.**
Mike seguiría siendo el padre que Mia recordaba.
Harold seguiría siendo el amigo que nunca dejó de quererlo.
Y yo…
**yo finalmente volvería a ser Alison.**
No la viuda de Mike.
No la empleada de Harold.
No la mujer que necesitaba que alguien la salvara.
Simplemente una madre que, después de perderlo todo, estaba aprendiendo a construir su propia vida otra vez.
Y quizá ese era el verdadero mensaje que mi hija había intentado darme aquella noche.
No era:
**«Papá está ahí».**
Era:
**«Mamá, sigue adelante».**