—¿Y la otra?
No respondió.
Ya tenía mi respuesta.
No necesitaba que me la dijera.
Ese fue el segundo giro.
No habían vendido la casa solamente para resolver una emergencia.
Había dinero cuyo destino Daniela desconocía.
Y si ella no sabía dónde había terminado, tampoco podía sostener que había tomado aquella decisión para proteger a su esposo.
Colgué.
No porque quisiera castigarla.
Porque
necesitaba dejar de escuchar explicaciones que cambiaban cada vez que aparecía un dato nuevo.
Durante los siguientes días revisé todo lo que podía demostrar quién había mantenido la casa durante los años anteriores.
No encontré una sorpresa espectacular.
Encontré algo mucho más sencillo.
Recibos.
Pagos.
Reparaciones.
Documentos guardados con fechas.
Pequeñas cosas que nadie considera importantes hasta que alguien intenta borrar una historia completa.
La casa no había sido simplemente un inmueble.