Gracias por elegirme todos los días.
Si existiera otra vida, volvería a buscarte.
Y volvería a enamorarme de ti.
Con todo mi amor,
Tu Gabriel».
Cuando mamá terminó de leer, nadie habló.
Lucía lloraba abrazada a Andrés.
Yo miraba la fotografía de nuestros padres cuando eran jóvenes.
Y mamá sostenía la carta contra su pecho.
Durante treinta y cinco años había creído que ella era quien había salvado a papá.
Pero ahora comprendíamos que ambos se habían salvado mutuamente.
EPÍLOGO. EL VIAJE QUE ESPERÓ TODA UNA VIDA
Tres meses después llevamos a mamá a Puerto Vallarta.
Era la primera vez que veía el océano.
Cuando llegamos a la playa, se quitó los zapatos.
Caminó lentamente hacia la orilla.
Y dejó que una pequeña ola le mojara los pies.
Se quedó inmóvil.