MI MAMÁ SE NEGÓ A ABANDONAR A MI PAPÁ CUANDO QUEDÓ EN SILLA DE RUEDAS Y LOS MÉDICOS LE DIERON SOLO 10 AÑOS DE VIDA. SOBREVIVIÓ 35 AÑOS MÁS… PERO DESPUÉS DE SU MUERTE ENCONTRAMOS UNA CARTA QUE LE HABÍA OCULTADO: «MI ÁNGEL, PERDÓNAME POR GUARDARTE ESTE SECRETO…»

En la sala tiene una fotografía de papá.

Debajo colocó una frase que él escribió en su última carta:

«La vida no se mide por los años que tenemos, sino por el amor que damos y recibimos».

A veces me quedo observando aquella fotografía.

Pienso en el joven de veinticinco años que perdió la capacidad de caminar.

En la mujer de veintitrés que decidió permanecer a su lado.

En los médicos que hablaron de diez años.

Y en los treinta y cinco años adicionales que compartieron.

Mis padres no tuvieron una vida fácil.

Hubo dolor.

Hubo cansancio.

Hubo miedo.

Pero también hubo cumpleaños, risas, hijos, nietos y miles de pequeños momentos que hicieron que todo valiera la pena.

Mi madre no se quedó con mi padre porque estuviera obligada a hacerlo. Se quedó porque lo amaba.

Y mi padre no pasó treinta y cinco años sintiéndose solamente cuidado. También encontró maneras de cuidar a la mujer que había elegido compartir su vida con él.

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