Desde aquel día, la casa cambió.
La silla de ruedas permaneció junto a la ventana durante semanas.
Sus herramientas siguieron acomodadas en el pequeño taller.
Y mamá continuó preparando dos tazas de café cada mañana.
Hasta que recordaba que papá ya no estaba.
Un año después, decidió vender la casa.
—Es demasiado grande para mí —nos dijo—. Además, cada rincón me recuerda a su padre.
Mi hermana Lucía y yo fuimos a ayudarla a revisar las cosas del ático.
Había cajas llenas de fotografías.
Cartas antiguas.
Ropa que papá había usado antes del accidente.
Y recuerdos de nuestra infancia.
Lucía encontró una caja pequeña debajo de varios álbumes.
—Daniel, mira esto.
Era una caja de madera oscura.
No tenía candado.
La abrimos.
Dentro había una fotografía de nuestros padres cuando eran jóvenes.
Papá estaba de pie, abrazando a mamá por la cintura.