Mi padre finalmente habló.
—Esa niña siempre fue más valiente que todos nosotros juntos.
A las cuatro de la mañana, el cirujano salió.
Tenía el cabello mojado por el sudor.
Las manos temblorosas.
Nos miró.
Y dijo:
—Los bebés nacieron. Dos niñas. Sanas. Con un peso un poco bajo, pero estables. Están en neonatología.
Mi madre lloró.
—¿Y Rosie? —preguntó Ben.
El cirujano hizo una pausa.
—Rosie tuvo una complicación. Su corazón no resistió el procedimiento completo. Tuvimos que detener la cesárea antes de tiempo para estabilizarla.
—¿Qué significa eso? —pregunté.
—Significa que está en la UCI. Que sigue siendo crítica. Que las próximas veinticuatro horas van a definir si…
No terminó la frase.
No necesitaba hacerlo.
PARTE 5
Corrimos a neonatología.
Ahí estaban.
Dos pequeñas en incubadoras.
Rosas.
Diminutas.
Perfectas.
Mi madre las miró y susurró:
—Se parecen a Rosie.
Ben se acercó a una de las incubadoras.
Puso su mano sobre el plástico.
—Hola, pequeñas. Soy su papá.
Lloró.
Yo también.
Porque esas niñas eran el sueño de Rosie.
El sueño por el que había arriesgado todo.
Y ahora estaban aquí.
Respirando.
Vivas.
Pero su madre…
Su madre luchaba por su vida en otro piso.
PARTE 6
Continua en la siguiente pagina
Pasaron veinticuatro horas.
Luego cuarenta y ocho.
Luego setenta y dos.
Rosie seguía en la UCI.
Conectada a máquinas.
Respirando con ayuda.
Su corazón latía, pero débil.
Los médicos decían que era unmilagro que siguiera viva.
Ben no se movía de su lado.
Le hablaba.
Le contaba de las niñas.
Le leía la carta que ella me había escrito.