Las relaciones sanas implican vulnerabilidad mutua, no una evaluación unilateral. Ambas personas se muestran auténticas, confiando lo suficiente la una en la otra como para ser honestas sobre sus miedos, necesidades y expectativas.
Las relaciones sanas reconocen que los desacuerdos o las diferentes perspectivas no son fracasos que requieran castigo. Las parejas pueden ver las cosas de manera diferente sin que esa diferencia se convierta en una ofensa que ponga fin a la relación.