Capítulo 1: LA GRIETA EN LA NOCHE LLUVIOSA
La casa al final de la calle Elm era una obra maestra del camuflaje suburbano. Desde fuera, lucía un césped impecable, una valla blanca recién pintada y un columpio en el porche que se mecía suavemente con la brisa. Pero aquella tarde de martes, mientras una tormenta torrencial azotaba el tejado y el viento arañaba los cristales como uñas desesperadas, la casa respiraba con una vida propia, sofocante y maligna.
Mara, de dieciséis años, estaba de pie junto al fregadero de la cocina, con las manos sumergidas en agua tibia y jabonosa. Lavaba un plato de cerámica; sus movimientos eran lentos, metódicos y meticulosamente calculados para lograr un silencio absoluto. En esta casa, el ruido era una moneda que solo traía dolor.
El aire de la cocina era denso, cargado del nauseabundo y persistente hedor a estofado quemado, mezclado con el sabor ácido y penetrante del whisky barato. El whisky significaba que Victor había llegado a casa.
Herbeauty
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