Lo miré fijamente.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no quería asustarte antes de conocer la verdad.
Bajó la mirada hacia sus manos.
—Empecé a pensar en todas las cenas que me perdí cuando eras pequeña. En todos los cumpleaños en los que estaba trabajando. En todas las veces que quise decirte que te quería, pero no encontraba las palabras.
Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
—Pensé: ¿y si algún día olvido todas las cosas que debería haberte dicho?
Extendí mi mano sobre la mesa.
—¿Y la fotografía?
Esbozó una pequeña sonrisa temblorosa.
—Quería tener una foto de nosotros juntos mientras todavía pudiera recordar cada detalle de aquella noche.
Sentí que se me rompía el corazón.
Entonces me confesó algo más.
—La nota que estaba junto a la fotografía era para tu marido. Le pedí que cuidara de ti si algún día yo ya no pudiera hacerlo.