Parte 1
La suegra de Clara la abofeteó frente a los 2 pequeños ataúdes de sus hijos.
—Dios sabía qué clase de madre tenían esos niños.
Durante unos segundos, Clara creyó que había escuchado mal.
El velatorio estaba lleno de flores blancas, listones azul claro y coronas enviadas por familiares que no sabían qué decir. Junto a cada ataúd habían colocado un pequeño oso de peluche.
Clara llevaba casi 1 hora evitando mirarlos.
A su lado estaba Emilia, su hija de 4 años, aferrada a la falda negra de su madre.
—Mamá, ¿por qué todos hablan bajito?
Clara le acarició el cabello.
—Porque todos estamos tristes, mi amor.
11 días antes, Clara y Tomás todavía tenían 3 hijos.
Mateo y Nicolás, sus gemelos de 5 meses, dormían en cunas idénticas junto a su habitación. Mateo se tranquilizaba cuando le agarraba un dedo. Nicolás dejaba de llorar cuando Emilia le cantaba cualquier canción inventada.