—No hace falta.
—Claro que hace falta. Te pasé toda la vida diciendo qué estudiar, qué trabajo aceptar, qué negocio mantener y ahora hasta con quién casarte.
Diego bajó la mirada.
—Pensé que protegerte significaba decidir por ti —continuó Teresa—. Y quizá por eso aprendiste a esconderme tus sueños.
Aquella frase golpeó a Diego.
Era exactamente eso.
Durante años no había querido decepcionar a su madre.
Había mantenido el local.
Había fingido entusiasmo.
Había escondido cursos de actuación.
Después conoció a Valeria.
Ella fue la primera persona que le preguntó:
“Si nadie pudiera juzgarte, ¿qué harías con tu vida?”
Diego había respondido sin pensarlo:
“Subirme a un escenario.”
Valeria no se rio.
No le dijo que era demasiado tarde.
No le recordó las cuentas que pagar.
Solo respondió:
“Entonces empieza.”
Así comenzó todo.
Primero tomó un taller.
Luego otro.