Mi suegra robó la tarjeta de nuestra habitación y pasó casi una hora escondida debajo de la cama porque quería demostrar que yo era una estafadora. Cuando oyó: “La vieja no sospecha nada”, creyó haber encontrado la prueba definitiva. Yo solo le dije: “Lea esto antes de acusarme” y le entregué una carpeta… sin imaginar que también descubriría por qué su hijo vendió el negocio familiar.

Se levantó y se sacudió el vestido.

Una pequeña nube de polvo apareció a su alrededor.

—Eso sí, voy a dejar una queja en recepción. Debajo de esa cama no han limpiado desde la inauguración del hotel.

Los tres volvieron a reír.

Teresa caminó hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo.

—Diego.

—¿Sí?

—Vende el local.

Él se quedó inmóvil.

Teresa respiró profundamente.

—Tu padre lo creó porque quería construir algo para su familia. No porque quisiera encadenarte a vender flores durante toda tu vida.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Tal vez fui yo la que confundió el recuerdo de tu papá con una obligación.

Diego la abrazó.

—Nunca voy a olvidar lo que hizo por nosotros.

—Entonces honra su memoria siendo feliz.

Teresa miró a Valeria.

—Y tú… cuídame a este actor.

—Lo intentaré.

—Y si alguna vez preparas té para mí…

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