Teresa lloró durante casi media hora.
Luego comenzó a comprar ropa para bebé como si esperaran quintillizos.
—No exageres —le decía Diego.
—Déjame disfrutar. Ya desperdicié suficientes años preocupándome por cosas que nunca ocurrieron.
Cuando nació su nieta, Teresa se ofreció a cuidarla algunas tardes para que Valeria pudiera volver al escenario.
La relación entre ambas terminó siendo exactamente aquello que Valeria había deseado alguna vez: una mezcla de suegra, madre y amiga.
Años después, cada vez que la familia recordaba aquella boda, Diego mencionaba inevitablemente la noche del hotel.
—Todavía no entiendo cómo lograste meterte debajo de esa cama.
Teresa respondía siempre lo mismo:
—Cuando una madre se convence de que está salvando a su hijo, puede hacer cosas bastante ridículas.
Después miraba a Valeria.
—Lo importante es aprender a salir de debajo de la cama.