Y la respuesta que recibió reveló una verdad que ninguno de los tres estaba preparado para enfrentar.
PARTE 3
Durante varios segundos nadie dijo nada.
Valeria seguía abrazada al brazo de Diego.
Diego miraba a su madre.
Teresa, con el vestido elegante completamente cubierto de polvo, respiraba como si acabara de correr un maratón.
Finalmente Valeria habló.
—¿Desde cuándo está usted debajo de la cama?
—Desde antes del té envenenado.
Diego cerró los ojos.
—No puede ser.
—Sí puede ser —respondió Teresa—. Y también escuché que quieren mi departamento. Así que, antes de decirme que estoy loca, quiero una explicación.
Valeria miró a Diego.
Y contra todo pronóstico, comenzó a reír.
No era una risa de burla.
Era el tipo de risa nerviosa que aparece cuando una situación es tan absurda que el cuerpo ya no sabe cómo reaccionar.
Diego terminó riéndose también.