El mecánico revisó el cuadro.
—No conviene repararla —dijo—. El daño estructural es serio.
Preparó una cotización por escrito.
Todo documentado.
Entonces hicimos lo que debimos hacer desde el principio: dejamos de discutir personalmente.
Guardamos videos, fotografías, recibos, mensajes y la cotización.
La administración podía encargarse de sus reglas internas. Nosotros evaluaríamos por separado la reclamación por los daños.
Cuando Rogelio comprendió que ya no íbamos a pelear con él en la calle, cambió de estrategia.
Empezó a decirles a los vecinos que Mateo había dejado la bicicleta “tirada en medio del paso”.
Después aseguró que yo había inventado el conflicto porque le tenía rencor.
Pero cometió un error.
Carlos escuchó la historia.
Y decidió hablar.
Llegó a nuestra casa esa noche.
—Arturo, necesito contarte algo.
—¿Sobre Rogelio?
Asintió.
—Yo estaba con él la noche anterior.