Era Laura, la esposa de Rogelio.
Llevaba una carpeta azul.
Rogelio palideció.
—Laura, no.
Ella caminó directamente hacia nosotros.
—Arturo, necesito enseñarte algo.
—¿Qué?
Rogelio se interpuso.
—No tienes que hacer esto.
—Sí —respondió ella—. Porque esto no empezó con la bicicleta.
Sentí que Mateo se acercaba a mi lado.
Laura abrió la carpeta.
Dentro había varias hojas impresas y fotografías.
—Cuando vi el video de la bicicleta —dijo—, revisé la cámara de nuestra cochera.
Rogelio cerró los ojos.
—Encontré grabaciones que él pensó que ya había borrado.
Sacó una memoria USB.
—Y ustedes necesitan verlas.
Rogelio intentó tomarla.
Laura retrocedió.
—Ni se te ocurra.
Ella me entregó la memoria.
—Aquí está la razón por la que Rogelio estaba tan desesperado por saber quién estaba presentando las quejas del fraccionamiento.
—¿Qué hay ahí?
Laura miró a su esposo.
Luego a Mateo.
Y finalmente a mí.