Mi vecino aplastó la bicicleta que mi hijo compró después de ahorrar casi un año y se negó a pagarla… yo quería llevarlo hasta el juzgado, pero mi hijo ya había preparado algo que nadie en la colonia esperaba

—La bicicleta de tu hijo no fue lo primero que dañó.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué hizo?

Laura abrió la primera fotografía de la carpeta.

Reconocí nuestra calle.

Reconocí la camioneta.

Pero la fecha era de casi dos meses antes.

Y al fondo aparecía algo que hizo que Patricia, que acababa de llegar para hablar con nosotros, se quedara inmóvil en la banqueta.

—No puede ser… —murmuró.

Rogelio se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia su casa.

Patricia lo llamó.

—¡Rogelio!

Él no se detuvo.

Yo volví a mirar la fotografía.

Entonces entendí que todas aquellas quejas que los vecinos creían independientes quizá tenían un mismo origen.

Y que Mateo, tratando simplemente de conseguir justicia por una bicicleta de doce mil pesos, acababa de abrir una puerta que nadie en nuestro fraccionamiento sabía que existía.

Conecté la memoria USB a la laptop.

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