Aparecieron siete archivos de video.
Laura señaló el último.
—Empieza por ese.
Hice doble clic.
La imagen apareció.
Mateo se llevó una mano a la boca.
Carlos dejó escapar una grosería.
Y yo tardé varios segundos en comprender exactamente qué estaba viendo.
Porque en la grabación estaba Rogelio.
Era de noche.
Estaba junto a uno de los vehículos que meses atrás había aparecido dañado.
Miró hacia ambos lados.
Después se acercó lentamente…
y levantó la mano.
El video todavía tenía cuatro minutos por reproducirse.
Y lo que ocurrió después explicaría no solo las otras quejas, sino también por qué Rogelio había estado dispuesto a destruir la bicicleta de mi hijo con tal de que nadie siguiera investigando.
Esta vez, nadie pausó la grabación.