Mi vecino aplastó la bicicleta que mi hijo compró después de ahorrar casi un año y se negó a pagarla… yo quería llevarlo hasta el juzgado, pero mi hijo ya había preparado algo que nadie en la colonia esperaba

Por primera vez desde que empezó todo, ya no parecía un muchacho seguro de su plan. Parecía exactamente lo que era: un adolescente de catorce años que quizá había descubierto algo más grande de lo que esperaba.

Tomé la fotografía.

Había sido captada desde un ángulo alto.

Se veía nuestra entrada, parte de la calle y la camioneta de Rogelio.

Pero la bicicleta no aparecía.

La fecha correspondía a tres días antes del accidente.

—No entiendo —dije.

Mateo señaló una esquina de la imagen.

—Mira la banqueta.

Amplié la fotografía con los dedos.

Había dos macetas grandes frente a la casa de Rogelio y, junto a ellas, una línea amarilla pintada sobre el pavimento.

—¿Y?

—Ahora sal.

Todos fuimos hacia la entrada.

Mateo señaló la misma zona.

Las macetas habían desaparecido.

Y también la línea amarilla.

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