Fue la última conversación que tuvimos.
Mauricio no pidió verme.
Pero a través de su abogado envió una petición a Mariana para retirar algunas medidas de protección relacionadas con Mateo.
Argumentaba que un niño necesitaba a su padre.
Mariana leyó el documento durante casi diez minutos.
Después lo dejó sobre la mesa.
—Un niño necesita estar seguro antes que cualquier otra cosa.
Mateo había comenzado terapia.
Durante las primeras semanas despertaba llorando porque soñaba con el patio.
A veces se escondía debajo de la cama cuando escuchaba un golpe fuerte.
Y durante meses creyó que había hecho algo malo por llamarme.
Una psicóloga infantil tuvo que repetírselo de muchas maneras:
Tú pediste ayuda.
Tú no causaste aquello.
Tú hiciste algo valiente.
Mariana decidió que cualquier contacto futuro dependería de las resoluciones judiciales y de evaluaciones profesionales, no de la presión de Mauricio.