El proceso duró meses.
No hubo una escena espectacular en la sentencia.
Solo un juez leyendo hechos, pruebas y responsabilidades.
Mauricio recibió una condena de varios años de prisión por la agresión, además de consecuencias derivadas de los delitos investigados en las obras y la falsificación de documentos. Perdió la posibilidad de seguir operando como antes y su empresa terminó disuelta.
Parte de sus bienes fueron destinados a reparaciones, indemnizaciones y obligaciones legales.
Beatriz también recibió una condena por su participación y por las irregularidades documentales que llevaban su firma.
La obra del centro comunitario fue demolida parcialmente y reconstruida por otra empresa.
Meses después me invitaron, junto con otros especialistas, a revisar algunos elementos antes de su apertura.
Recorrí el nuevo muro.
Medí distancias.
Revisé drenajes.
Observé las varillas antes de que las cubrieran.
Todo estaba como debía.
Uno de los jóvenes ingenieros me preguntó: