Estaba mintiendo porque le tenía miedo.
Y a las dos de la madrugada, cuando todos creían que dormía, me pidió que entrara a su habitación.
Lo que me confesó hizo que la frase “es solo una pierna” dejara de parecer crueldad.
Porque entonces comprendí que aquella familia llevaba años destruyendo a mi hija.
Y yo todavía no podía imaginar lo que estaba a punto de encontrar en una cámara que Mauricio había olvidado desconectar…
PARTE 2
Mariana esperó a que la enfermera cerrara la puerta.
—Papá… Mauricio lo hizo.
No lloró al decirlo. Eso fue lo que más me dolió.
Me contó que todo había comenzado años atrás con cosas pequeñas: un apretón demasiado fuerte en la muñeca, un empujón durante una discusión, disculpas, flores y promesas.
Después vino el control.
Mauricio revisaba su celular, decidía cuánto dinero podía gastar y se molestaba cuando visitaba a sus amigas.