Dos días después, Mariana salió del hospital y se instaló conmigo junto con Mateo.
Por primera vez en años empezó a hablar sin mirar por encima del hombro.
Una noche, mientras Mateo dormía, dijo algo inesperado:
—Papá… hay otra cosa.
Durante años ella había llevado parte de la contabilidad de la constructora sin recibir sueldo.
Había descubierto facturas por materiales que nunca llegaban, certificados de seguridad alterados y cantidades de cemento y varilla que no coincidían con las obras.
—Guardé copias porque me dio miedo. Hay una libreta escondida debajo del forro del viejo baúl de juguetes de Mateo.
Conseguimos recuperarla legalmente con ayuda de Patricia y de las autoridades.
Cuando revisé aquellas páginas sentí un escalofrío.
La empresa de Mauricio acababa de ganar un contrato para construir un muro de contención y unas escaleras en un nuevo centro comunitario.