Odiaba a nuestra vecina por asomarse siempre a nuestro patio hasta que un día dijo: "Tu esposo no es quien crees que es" – Historia del día

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Shutterstock

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Casi me desmayo.

"¿Qué nombre?".

"Oh, cariño. Diferentes. Jordan, Riley... ¿Cómo voy a acordarme de todo a mi edad? Pero no me lo estoy inventando. Lo juro por mis famosas tortitas".

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Intenté reírme, pero me salió mal, seco y agudo. "Marlene, eso... eso es ridículo".

"Sé lo que he visto".

Sus labios se apretaron en una fina línea.

"Créeme o no, Emma, pero deberías vigilarlo".

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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De repente, sentí más calor. Sentía las manos resbaladizas, aunque hacía un momento no sudaba.

Marlene me dirigió una última mirada, en parte de advertencia, en parte de satisfacción, y se volvió hacia su jardín, fingiendo de nuevo que se ocupaba de las flores. Sus palabras se aferraron a mí como abrojos, espinosas e imposibles de quitar.

Aquella noche me tumbé en la cama dándole la espalda a Robert.

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Sentía el calor que irradiaba su lado de la cama, pero mi propia piel estaba fría, como si alguien hubiera abierto una ventana en mi interior. Las palabras de Marlene se repetían una y otra vez. Mujeres distintas. Nombres distintos.

Quédate esta noche.

Intenté decirme que mentía, que estaba aburrida o que sólo buscaba problemas.

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***

A la mañana siguiente, serví café para los dos. Mi voz era ligera, demasiado ligera.

"¿Qué hay hoy en tu lista?".

Robert levantó la vista de la tostada que estaba untando con mantequilla.

"Lo de siempre. Podría arreglar la puerta del ático".

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El ático. Me imaginé el lugar como lo había visto por última vez: cajas apiladas, abrigos viejos, un polvo tan espeso que se podía escribir el nombre en él. Hacía meses que no subía allí.

Bebí un sorbo lentamente, observando el vapor que salía de la taza.

"¿Alguna vez... haces que te llamen de otra manera? Como... Jordan… ¿O Riley?".

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Robert frunció el ceño y luego soltó una risita.

"¿Jodan, Riley? No. ¿De dónde ha salido eso?".

Me encogí de hombros. "Se me vino a la cabeza".

Mi esposo volvió a comer, pero mi mente no recuperó la calma.

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