Entonces llegó Lucía.
La niña que una vez había escapado de un hogar infantil se había convertido en ingeniera de sistemas.
Y ella encontró la pieza que cambió el caso.
La escuela había sustituido recientemente su sistema de inventarios.
El nuevo director aseguró que los archivos anteriores se habían perdido durante la migración.
No era verdad.
Lucía no hackeó nada.
No entró ilegalmente en servidores.
Solicitó, por medio de la defensa, la preservación y entrega de respaldos institucionales.
En una copia archivada aparecían los registros originales.
Los materiales no habían sido retirados bajo la cuenta de Chema.
Las entradas habían sido modificadas semanas después.
El usuario que realizó varias modificaciones pertenecía a administración.
Robles se levantó.
—¡Muchas personas tenían acceso a esa computadora!
—Correcto —dijo Sofía—. Por eso no estamos diciendo que este registro, por sí solo, demuestre quién hizo las modificaciones.