Pero justificaba ampliar la investigación.
Suspendí a Harland de sus funciones y le retiré el acceso a sistemas y propiedades mientras abogados, auditores y, donde correspondiera, las autoridades revisaban los hechos.
No lo golpeé.
No lo amenacé.
No necesitaba hacerlo.
Cuando existen documentos, la verdad puede hacer mucho más ruido que un puño.
El tercer giro fue el que más me dolió.
Harland no había creado todo desde cero.
Había aprendido a aprovechar una frase mía.
Años atrás, después de descubrir que un proveedor me había robado, dije durante una reunión:
—Quiero disciplina. Si alguien no cumple, no quiero excusas.
Harland convirtió aquellas palabras en una doctrina.
Cada vez que amenazaba a alguien decía:
“El señor Luca no tolera excusas.”
Cada vez que alguien enfermaba:
“El señor Luca no paga por descansar.”
Cada vez que alguien reclamaba: