Aquello fue suficiente.
Alejandro tomó el teléfono.
—Raquel, ven a la sala.
La supervisora apareció un minuto después.
—Quiero los registros de entrada de Julia de ayer.
—Señor, esos registros pertenecen a Orion.
—Las cámaras de acceso pertenecen al edificio.
Raquel palideció.
—Claro.
—Y quiero los nombres de las dos personas que supuestamente faltaron.
—Ahora mismo.
Julia dejó de comer.
—Señor Medina, no quiero causarle problemas a nadie.
Alejandro la miró.
—Tú no causaste este problema.
Dos horas después tenía la primera respuesta.
Las dos trabajadoras no habían faltado.
Habían sido reasignadas a otro edificio esa misma noche.
Alejandro llamó personalmente al director de operaciones de Orion.
—Me informaron que tres personas estaban programadas para mi edificio.
—Correcto.
—Solo enviaron una.
Silencio.
—Debió existir alguna emergencia.
—Las otras dos fueron enviadas a otra propiedad.
—Tendría que revisar…
—Revíselo.
Colgó.