Parte 2: ENGAÑÉ A MI ESPOSA MIENTRAS ELLA ESPERABA PARA DECIRME QUE ESTABA EMBARAZADA, PERO CUANDO NACIÓ NUESTRO HIJO DESCUBRÍ QUE SER SU PADRE NO ME DABA DERECHO A RECUPERAR LA FAMILIA QUE HABÍA ABANDONADO

Me quedé completamente inmóvil.

—¿Conmigo?

—No hagas que me arrepienta antes de empezar.

No volvimos a casarnos enseguida.

Salimos durante casi dos años.

Tuvimos discusiones.

Momentos incómodos.

Días en que Emma recordaba algo de aquellos ocho meses y necesitaba distancia.

Aprendí a no decir:

“Eso ocurrió hace años.”

Porque para la persona herida, algunos recuerdos no obedecen al calendario.

Cuando finalmente le propuse matrimonio otra vez, no utilicé un restaurante exclusivo.

Estábamos en nuestra cocina.

Noah, de cinco años, coloreaba dinosaurios en la mesa.

Saqué una pequeña caja.

Emma la miró.

—Lucas…

—No tienes que responder hoy.

—Eso es nuevo.

—He aprendido algunas cosas.

Abrí la caja.

Dentro estaba su antiguo anillo.

No lo había modificado.

—No quiero borrar lo que pasó —dije—. Y tampoco quiero fingir que podemos regresar a quienes éramos.

Respiré profundamente.

—Quiero saber si algún día te gustaría construir algo nuevo conmigo.

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