Giró sobre sí misma.
—¿Ya estoy bonita otra vez?
Me arrodillé frente a ella.
Tomé su rostro entre mis manos.
—Nunca dejaste de serlo.
Las lágrimas aparecieron en sus ojos.
—La abuela decía que las niñas malas tenían que verse feas.
La abracé con fuerza.
—Las personas malas
El juez habló con voz firme.
—Ninguna tradición, disciplina o autoridad familiar justifica semejante crueldad contra un niño.
La sentencia fue contundente.
Ambos fueron declarados culpables.
Raymond también enfrentó cargos relacionados con las agresiones y los robos descubiertos durante la investigación.
Mitchell pidió verme una última vez.
Nos encontramos en un parque.
Traía una pequeña bolsa.
Dentro había fotografías de Daisy desde que nació.
—Nunca fui el padre que ella necesitaba.
No respondí.
—Elegí creerles a ellos porque era
Luego corrió hacia la cocina.
Nunca se acercó al dormitorio de Beatrice.