—Porque ese día tú me sacaste de la casa
Y cuando abriste la puerta…
También abriste nuestra vida nueva.
Guardé aquel dibujo en un marco.
Porque comprendí que las cámaras ocultas pueden descubrir mentiras.
Pero el verdadero valor estuvo en creerle a una niña pequeña cuando todos los adultos intentaban convertirla en culpable.
Y desde aquel día me hice una promesa que jamás romperé:
Nadie volverá a tocar a mi hija, ni
su cabello, ni su dignidad, mientras yo siga respirando.