—Mamá…
—¿Sí?
—¿El ajo va antes que la cebolla?
Clara soltó una carcajada.
—Después de todo lo que pasó… ¿todavía me preguntas eso?
Él sonrió.
—Hay cosas que nunca cambian.
Ella lo abrazó.
Porque entendió que ninguna fortuna,ninguna empresa y ningún seguro valían tanto como escuchar nuevamente la voz de su único hijo.
Y aquella tumba que casi lo enterró para siempre quedó vacía, como un recordatorio de que, a veces, la verdad llega justo antes de que sea demasiado tarde.
FIN.