Cuando la policía llegó, apenas podía mantenerse en pie.
Lo primero que pidió fue llamar a su madre.
Horas más tarde, Clara entró al hospital.
Leonardo estaba sentado en la cama.
Tenía el
rostro cansado y varios golpes, pero sonreía.
—Perdóname, mamá.
Ella lo abrazó con todas sus fuerzas.
—No vuelvas a asustarme así.
Él rompió a llorar como cuando era niño.
—Nunca dejé de pensar en ti.
Clara acarició su cabello.
—Yo tampoco dejé de buscarte.
Meses después, el juicio terminó.
Verónica y los cómplices que participaron en el fraude fueron condenados por secuestro, falsificación, fraude y conspiración.
La empresa quedó completamente bajo el control de Leonardo.
Pero él tomó una decisión inesperada.
Vendió su participación.
Regresó a la pequeña granja cerca de Waco.
Construyó una casa junto a la de su madre.
Una tarde, mientras ambos preparaban arroz en la cocina, Leonardo sonrió.