—Eso menos.
—¿Piensas llevarte ese secreto para siempre?
Alina comenzó a llorar.
—Hace dos años me dijeron que jamás podría darle un hijo.
Dante sintió que el mundo se detenía.
—Lo vi mirar a los niños de sus amigos… sé cuánto desea ser padre.
Respiró con dificultad.
—Si algún día encuentra a una mujer que pueda darle la familia que merece… no quiero ser yo quien lo detenga.
Cada palabra fue una puñalada.
Durante tres años había pensado que el silencio de Alina significaba indiferencia.
En realidad…
Era amor.
Dante regresó lentamente a su despacho.
Los documentos del divorcio seguían sobre el escritorio.
Tomó la pluma.
La levantó.
Y la rompió en dos.
Luego llamó a su abogado.
—Quiero cancelar todo.
—¿Señor Moretti?
—Todo.
—Pero mañana está prevista la firma.
—Ya no habrá divorcio.
Aquella noche no pudo dormir.