Releyó antiguos mensajes.
Encontró fotografías.
Notas que Alina dejaba dentro de sude cada viaje.
“No olvides comer.”
“Descansa un poco.”
“Aquí te esperamos.”
Nunca había comprendido el valor de aquellos pequeños gestos.
Porque siempre había esperado una gran declaración de amor.
Y había ignorado miles de demostraciones silenciosas.
A la mañana siguiente tomó una decisión.
No fue a la oficina.
Por primera vez en quince años canceló toda su agenda.
Cuando Alina bajó las escaleras, lo encontró preparando café.
Ella sonrió con sorpresa.
—Pensé que ya te habías ido.
Dante respiró hondo.
—Necesitamos hablar.
Su sonrisa desapareció.
Miró discretamente la carpeta sobre la mesa.
Sabía perfectamente qué contenía.
—Entiendo.
Se sentó lentamente.
—Firmaré sin hacerte pasar un mal momento.
Él tomó la carpeta.
La abrió.
Sacó las hojas.
Y comenzó a romperlas una por una.
Alina lo observó sin comprender.