Me quedé mirando el retrato de mi esposo.
William siempre decía que los secretos eran como las grietas de una pared: podían permanecer ocultos durante años, hasta que un día todo el edificio se derrumbaba.
Nunca imaginé que el edificio del que hablaba era nuestra propia familia.
—Haz lo necesario para proteger a Ethan —respondí—. Pero no destruyas nada. Si Charles tiene derecho a contar su versión, quiero escucharla antes de decidir qué hacer.
Después de colgar, permanecí sola en mi despacho durante casi una hora.
Recordé el día en que conocí a William. Recordé cómo me había tomado de la mano cuando perdimos a nuestro primer bebé. Recordé la noche en que llegamos a casa con Ethan recién nacido, envuelto en una manta blanca, mientras William lloraba de felicidad.
Y recordé la promesa que le hice a mi esposo en su lecho de muerte.