Parte 2: LA PROMETIDA DEL JEFE DE LA MAFIA INTENTÓ HUMILLARME FRENTE A TRESCIENTOS INVITADOS, PERO EL MOVIMIENTO QUE USÉ PARA DEFENDERME REVELÓ QUE MI PADRE HABÍA MUERTO SALVANDO AL HOMBRE MÁS PODEROSO DE LA SALA Y QUE ALGUIEN LLEVABA SEIS AÑOS OCULTANDO LA VERDAD

Entonces ocurrió algo que nadie esperaba.

Alexander comenzó a desmontar parte de su propia vida.

—No puedo decir que Miguel

me salvó para que viviera —me confesó meses después— y seguir usando esa vida para construir miedo.

No se convirtió mágicamente en un hombre inocente.

No podía borrar su pasado.

Pero empezó a abandonar actividades ilícitas, separar empresas legítimas y someterse a las consecuencias legales de decisiones anteriores.

Yo no fui su premio por portarse bien.

Se lo dije claramente.

—No voy a enamorarme de ti porque le debas una vida a mi padre.

—Bien.

—¿Bien?

—Miguel me salvó. Tú no me debes nada por eso.

Aquella respuesta fue la primera razón por la que acepté tomar un café con él.

Solo uno.

Después otro.

Pasaron dos años.

Seguí trabajando, aunque ya no como ama de llaves.

Con ayuda de Samuel retomé la Corriente Silenciosa.

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