Ethan también cambió.
No de un día para otro.
No porque una disculpa pudiera borrar el pasado.
Sino porque, por primera vez, empezó a comprender que el dinero no podía resolver todos los problemas.
Cumplió sus compromisos con los chicos.
Asistió a sus partidos de baloncesto.
Aprendió qué materias le gustaban a Daniel, qué música escuchaba Michael y por qué Lucas podía pasar horas desmontando aparatos electrónicos para descubrir cómo funcionaban.
A veces cometía errores.
A veces decía algo inoportuno.
Y algunas veces los chicos se enfadaban con él.
Pero volvió a aparecer.
Semana tras semana.
Sin exigir que lo llamaran papá.
Sin utilizar regalos para comprar su cariño.
Y sin intentar decidir por ellos.—Gracias por venir.
Daniel se sentó frente a él.
Michael pidió un chocolate caliente.
Lucas observó a Ethan con curiosidad.
—¿Por qué nunca te volviste a casar? —preguntó de repente.