PARTE 2: LOS TRES HEREDEROS DE ETHAN LANCASTER

Lucas comenzó a desarrollar pequeños proyectos de tecnología y llenó su habitación de piezas electrónicas.

Los tres siguieron usando mi apellido.

No porque rechazaran necesariamente a su padre, sino porque era el apellido con el que habían crecido y con el que habían construido su identidad.

Ethan nunca intentó cambiárselo.

En cuanto a mí, continué dirigiendo mi empresa.

No regresé a la mansión Lancaster.

No acepté una fortuna.

Y no necesité convertirme en la esposa de un multimillonario para demostrar mi valor.

Una tarde, mientras preparábamos la cena, Lucas me preguntó:

—Mamá, ¿te arrepientes de haber regresado a Nueva York?

Dejé el cuchillo sobre la tabla y lo miré.

—No. ¿Por qué lo preguntas?

—Porque todo cambió después de aquella noche.

Sonreí.

—No regresé para cambiar vuestra vida. Regresé porque vuestro padre estaba a punto de tomar una decisión sin saber toda la verdad. Quería que vosotros pudierais elegir vuestro propio futuro.

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