—No.
—Nuestro hijo va a nacer en dos semanas.
—Lo sé mejor que tú.
—Entonces piensa en él.
Mi mano fue automáticamente a mi vientre.
—Eso es exactamente lo que estoy haciendo.
Ethan bajó la mirada hacia mi mano.
Durante un instante volvió a parecer el hombre con quien me había casado.
—Podemos arreglarlo —dijo.
No respondí.
—Vanessa se va hoy.
Desde arriba se escuchó algo caer.
Ethan cerró los ojos.
—Hablaré con ella.
—No necesito que la corras.
—Claire…
—Necesito que entiendas que esto dejó de depender de lo que tú permitas.
Pasé junto a él.
Esta vez no intentó detenerme.
Llegué al segundo piso y encontré a Vanessa junto al cuarto del bebé. Tenía una pequeña pila de ropa entre los brazos.
—¿Ya ganaste? —me preguntó.
Me detuve.
—Esto nunca fue una competencia.
—Claro que sí.
—Para ti, quizá.
Sus ojos se humedecieron, pero su voz siguió firme.