Antes de cruzar la puerta, se volvió.
—Mariana, Daniela no significa nada para mí.
Lo miré durante varios segundos.
—Entonces destruiste nuestro matrimonio por alguien que ni siquiera significaba nada.
No encontró respuesta.
Aquella noche dormí apenas dos horas.
No porque extrañara a Diego.
Sino porque seguía pensando en aquella solicitud de crédito.
Mi firma.
Mis datos.
Mi nombre.
Alguien había intentado comprometerme económicamente sin mi autorización.
A la mañana siguiente recibí un mensaje de un número desconocido.
«SOY DANIELA. NECESITO HABLAR CONTIGO. DIEGO NO TE HA CONTADO TODA LA VERDAD».
Sentí que el estómago se me encogía.
No respondí inmediatamente.
Después escribí:
«Si tienes algo que decir, hazlo por escrito».
Pasaron diez minutos.
Entonces llegó una fotografía.
Mostraba un contrato.
En la parte superior aparecía el nombre de una empresa.
RENATA MEDICAL SOLUTIONS.
Me quedé sin respirar.