No podía apartar la vista.
Rebecca respiró hondo y despacio.
“La abuela lo dejó todo por escrito antes de morir”. Me entregó varias hojas. “Pensé que sería más fácil si yo las leía”.
Asentí.
“Tenía cuarenta y dos años la noche en que Michael me encontró”, comenzaba la primera línea.
La habitación desapareció.
Solo quedó la voz de Rebecca.