Valeria se quedó paralizada.
No era simplemente una casa.
Parecía un complejo turístico privado.
Jardines perfectos.
Fuentes iluminadas.
Árboles antiguos.
Grandes ventanales que brillan en la noche.
Trastornos del sueño
Pero lo que más le impactó no fue el lujo.
Fue el silencio.
No había música alta.
No se permiten fiestas.
No se permite la exhibición de excesos.
Solo paz.
Cuando salieron del todoterreno, una mujer mayor salió apresuradamente de la casa.
Parte 3:
“¡Señor Alejandro!”
“Buenas noches, Clara.”
La mujer miró a Valeria, luego a Sofía.
Su expresión se suavizó al instante.
“No lo había visto sonreír así en años…”
Alejandro se aclaró la garganta, avergonzado.
“Clara, por favor, prepárales una habitación.”
La mujer sonrió cálidamente.
“Con mucho gusto.”
Esa noche, mientras Valeria bañaba a Sofía, oyó voces que provenían del estudio de Alejandro.