Pensé que mi hija solo estaba ayudando a un amigo con un vestido, pero a la mañana siguiente su madre me hizo una pregunta

– Pregunta.

“¿Todavía pueden verse? ¿Después de esto? Sé que es... sé que es complicado. Sé que quizá no quieras...”

Miré a las dos chicas. Las hijas de Michael. Uno con mi cabello rubio y su sonrisa de dientes abiertos. Uno con los ojos y el mentón.

“Son hermanas”, le dije. “Eso no es algo que ninguno de nosotros puede deshacer”.

Teresa started crying again.

“I’m still angry,” I told her. “I want to be honest with you. I’m angry at him. I’m angry at Ruth. And I’m angry at you, a little. I don’t know if that’ll go away.”

“I know. I’d be angry too.”

“But I’m not going to let my anger make my daughter lose a sister. She’s lost enough.”

Teresa nodded. She couldn’t talk.

“Have you two eaten?” I asked.

“Not since lunch.”

“Hay un restaurante en Fifth Street que está abierto hasta tarde”, dije. “El favorito de Michael. Hacen muy buenos panqueques”.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *