Sujétalo con una mano y aprieta los dos extremos estrechos.
Las paredes se arquean hacia afuera y la ranura se abre.
Saca o guarda monedas con la otra mano.
Al soltar, el material vuelve a su forma y la ranura se cierra sola.
Por qué fue tan popular
Entre los años cincuenta y ochenta, llevar monedas sueltas era imprescindible: teléfonos públicos, autobuses, parquímetros, máquinas expendedoras y lavanderías. Un monedero que se abría con una sola mano y no dejaba caer el cambio era muy práctico.
Además, se convirtió en un clásico de la publicidad. Bancos, gasolineras, aseguradoras y ferreterías los regalaban con su nombre, logotipo o teléfono impresos, así que hoy es fácil encontrar versiones con marcas de otra época.
¿Todavía sirve?
Sí. Aunque los pagos digitales han reducido el uso de monedas, siguen siendo útiles para guardar monedas, fichas, púas de guitarra, tornillos pequeños, auriculares, cables cortos o llaves pequeñas, y evitar que se pierdan en el fondo de un bolso.