—Eso es lo primero.
Aquella noche no regresaron a Greenwich.
Marcus envió a Sarah un mensaje breve y seco:
Lily se queda esta noche en casa de Evelyn. Mañana hablaremos.
La respuesta llegó en cuestión de segundos:
Esto es ridículo, Marcus. Solo estás empeorando su ansiedad por separación. No conviertas una rabieta infantil en una crisis familiar.
Marcus se quedó mirando las palabras iluminadas en la pantalla.
Un día antes, quizá habría interpretado aquel mensaje como la preocupación sincera de una madrastra.
Ahora parecía una frase sacada de un guion perfectamente ensayado.
La mañana siguiente comenzó en una clínica pediátrica de Hartford.
Marcus no necesitaba un informe médico para creer a su hija, pero sí necesitaba dejar constancia documental para los tribunales y las autoridades.
El análisis toxicológico confirmó la presencia de un sedante suave de venta libre. Era una sustancia que nunca había sido prescrita a Lily y que, administrada de forma incorrecta a un niño pequeño, podía provocar inquietud, confusión y alteraciones emocionales.