Ahora parecía una frase sacada de un guion perfectamente ensayado.
La mañana siguiente comenzó en una clínica pediátrica de Hartford.
Marcus no necesitaba un informe médico para creer a su hija, pero sí necesitaba dejar constancia documental para los tribunales y las autoridades.
El análisis toxicológico confirmó la presencia de un sedante suave de venta libre. Era una sustancia que nunca había sido prescrita a Lily y que, administrada de forma incorrecta a un niño pequeño, podía provocar inquietud, confusión y alteraciones emocionales.
Marcus sintió una rabia ardiente recorrerle el cuerpo, pero mantuvo la compostura delante de su hija.
—¿Estoy enferma, papá? —preguntó Lily cuando la enfermera salió de la habitación.
—No, cariño. No estás enferma.
—Entonces, ¿por qué me sentía tan rara?
Marcus se sentó junto a ella y le tomó las manos.