—¿Sigue sin sospechar absolutamente nada?
Sarah respondía:
—Marcus vive consumido por la culpa porque el trabajo le quita tiempo con ella. Si piensa que Lily necesita ayuda profesional, aceptará cualquier cosa que yo le proponga.
En otra discutían sobre los plazos.
Marcus miró hacia el salón, donde Lily enseñaba orgullosa a su abuela un dibujo lleno de colores.
—Eso es lo primero.
Aquella noche no regresaron a Greenwich.
Marcus envió a Sarah un mensaje breve y seco:
Lily se queda esta noche en casa de Evelyn. Mañana hablaremos.
La respuesta llegó en cuestión de segundos:
Esto es ridículo, Marcus. Solo estás empeorando su ansiedad por separación. No conviertas una rabieta infantil en una crisis familiar.
Marcus se quedó mirando las palabras iluminadas en la pantalla.
Un día antes, quizá habría interpretado aquel mensaje como la preocupación sincera de una madrastra.