Pero su ausencia no daba derecho a nadie a humillar a sus padres.
Adrián cerró la carpeta.
Explicó que se examinarían los documentos, que las cuentas quedarían protegidas frente a cualquier nueva operación no autorizada y que la firma presuntamente falsificada acarrearía consecuencias legales.
Nicolás no gritó.
Simplemente miró a Nuria.
«Esta noche te vas de esta casa».
Luego miró a Javier.
«Tú también».
Carmen rompió a llorar.
Era la primera vez que comprendía que proteger a un hijo no significaba tener que salvarlo de todas las consecuencias de sus actos.
Javier se acercó a ella.
«Mamá…».
Carmen retrocedió un paso.
«Te quiero. Pero hoy no voy a salvarte».
Aquella frase fue más dolorosa que cualquier insulto.
Nuria se marchó esa misma noche.
Javier se quedó unos minutos a solas con sus padres y luego salió también de la casa.